domingo, 9 de septiembre de 2012

No hay solución

                            John Forbes Nash, jr. Nobel de economía 1.996, por 7 folios sobre la teoría de los juegos y protagonista de Una mente maravillosa.
 Como se ve, estoy en plena racha pesimista, ayer decía que estamos todos castrados y hoy afirmo que no hay solución y lo peor es que tanto ayer como hoy tenía razón.
John Forbes Nash, protagonista de Una mente maravillosa,  ganó el Nobel de economía con un trabajo de apenas 7  folios sobre la teoría de los juegos, imponiéndose a autores de obras con miles de páginas. Pero es que Nash era un prodigioso matemático, esquizofrénico perdido, pero un gran matemático, quizá las matemáticas, en este mundo de hoy, sean el camino más rápido y seguro hacia la esquizofrenia.
Hoy, yo, también, voy a escribir de pura matemática.
La doctrina democrática tal vez se haya impuesto ya para siempre.
Desde el punto de vista de la ética política y, sobre todo, de la moral social, parece realmente irrebatible eso de que todos somos iguales, aunque le pese al fariseo Rajoy, de tal modo que, políticamente, cada hombre es igual a un voto y la mayoría de los votantes determina inexorablemente quién debe de gobernar.
Ay, amigos, que aquí está precisamente el origen de todos nuestros males. Si Rajoy, el apóstol, el profeta, el mesías de la desigualdad gobierna hoy en España es porque nadie ha leído, con la suficiente atención, sus teorías expuestas en El Faro de Vigo. De haberlo hecho, nadie, seguramente, hubiera ido a votar porque resulta realmente el más grande de los sacrilegios que el voto de él, de Rajoy, seguramente uno de los hombre más serios e inteligentes del mundo si es realmente cierto eso de que sólo lee el Marca, valga exactamente igual, políticamente hablando, que el de un patán de esos que sólo sabe destripar terrones, aunque también su única lectura sea el jodido Marca, cuando lo puede leer, si es que sabe, en la jodida tasca a la que va a emborracharse, por la noche, cuando deja de cavar. 
Es absolutamente canallesco, es para maldecir al cielo o a quien sea, en cualquier idioma, coño, incluso en arameo, que el más jodido de los tíos que no creen en la igualdad de los hombres, el canallesco apóstol, el mesías de la desigualdad, ahora nos gobierne a todos, como borregos, precisamente por eso, porque las jodidas leyes que nos impuso su padre intelectual, aquel maldito Fraga que le ordenó que para triunfar políticamente como lo ha hecho, se casara ya, de una puñetera vez, para acabar con los rumores, lo han permitido, estableciendo una normas electorales que impiden al pueblo votar a quien realmente le representa.
Pero el hecho decisivo, fundamental, ni siquiera es éste. Me duelen ya los dedos de tanto escribirlo: el hombre no es que sea un puñetero ser desfalleciente como nos decía ni más ni menos que el Doctor Angélico, ni tampoco ese lobo para el hombre que propugnaba Hobbes, ni el animal político de Aristóteles, sino lo que yo vengo diciendo ya tanto tiempo sin ningún éxito quizá porque suena muy mal y huele mucho peor: una puñetera mierda seca pinchada en un palo.
Si el hombre no fuera una mierda no se dejaría engañar miserablemente por todos esos jodidos, por falsos, flautistas de Hamelin, que dirigen todos los medios de comunicación del mundo, por gentes tan absolutamente despreciables como los Murdoch, Berlusconis, Laras, Condes de Godo, y el canallesco tipo ése de Intereconomía que, ahora mismo, no recuerdo como se llama, 
Y no votarían en masa, que no es sino echarse de cabeza al río exactamente igual como los niños que seguían al siniestro flautista,a  esos canallas y cínicos individuos que los van a llevar directamente al hambre, la miseria, la desesperación y la muerte.
Pero lo es, es una puñetera mierda, que no sabe realmente leer ni oír, que no es capaz de discernir a un hombre honrado de un jodido y detestable mentiroso, que, en su suprema ignorancia, no enteramente culpable porque en las escuelas, los colegios y las universidades en lugar de aclararle el alma se la han emponzoñado con las peores ideas del mundo, los auténticos dueños del cotarro, esos que tienen como por castigo, los miles de millones que se necesitan para lanzar al aire una emisora de radio o tv, o editar uno de esos canallescos diarios que sólo se proponen engañarnos a todos y que lo consiguen con la mayoría, y contra los que no se puede luchar porque los miserables, los parias de la Tierra, la famélica legión, si no tiene siquiera para comer, cómo va a tener nunca para editar un diario.
O sea, que, matemáticamente, no hay solución, otra solución que no sea la de quemarse a lo bonzo, o tirarse por un cejo, como decía la santa de mi madre.
Y estoy seguro que por esto que acabo de escribir a mí no me van a dar ningún premio Nobel ni siquiera éste que le acaban de dar al inicuo Vargas Llosa, aquél al que tuvo los cojones de renunciar Sartre.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Castrados


 Iba a escribir, si seré ingenuo, el nazismo que viene pero, coño, si está aquí, si nunca se ha ido, si nunca se irá porque para ello necesitaríamos todos los españoles unos atributos que no tenemos.
 El Valle de los Caídos se construyó con el trabajo forzado de muchos de los prisioneros del franquismo, ahora, el nazifascista éste de Rajoy, el supremo defensor de la desigualdad, “los sueldos de jefe del PP y del Gobierno y la mitad de los honorarios del Registro de la Propiedad de Santapola, para mí, por ser yo quien soy, hijo de mi padre, presidente de la Audiencia de Pontevedra, y de mi madre que por algo se llamaba Brey, por haber tenido el dinero y el tiempo suficiente para estudiar Derecho y hacer una oposición, gracias al imperio precisamente de la desigualdad”, y la miseria de los 400 euros provisionales del paro para todos vosotros, jodidos envidiosos, que no otra cosa es el comunismo igualitario, joder, de modo que joderos, como decía la hija de mi amigo Fabra e iros a picar, digo apagar fuegos, o a la puñetera calle, a la mierda gandules, que eso es lo que, en realidad, sois todos vosotros, escoria de la humanidad.
 Éste es el pensamiento real del supermultimillonario Rajoy y los suyos y esta condena a trabajos forzados como apagafuegos de todos los parados mientras el ministro del ramo se escaquea, no es sino la forzosa consecuencia, la inevitable consecuencia de tal pensamiento nazifascista.
 Que su Dios y el de su ilustre paisano, Rouco, nos coja confesados porque acabarán poniendo a los parados a limpiar las calles, e incluso el culo de todos ellos, cuando vayan al wáter, pero, como decía antes: esto se debe a que nos han privado ya, totalmente, de todos nuestros atributos.
 ¿Cuántos afiliados tiene el SAT? ¿Son éstos los únicos sensatos que hay en España? ¿O son los únicos que tienen realmente sus atributos bien puestos?
 Estos interrogantes son absolutamente decisivos para que pueda resolverse adecuadamente el problema esencial de nuestro país: un reparto de la renta nacional más justo.
 Si los únicos tíos que en este país tienen los atributos suficientes para echarse a la calle en busca de una adecuada justicia social son éstos del SAT, apaga y vámonos de una puñetera vez porque no hay nada que hacer.
 Pero es triste, muy triste comprobar que los que planearon la castración colectiva de 24 millones de varones españoles lo hicieron todo tan bien. 
 Porque no es sólo la descoordinación lo que nos mantiene inactivos ni siquiera tampoco la falta de una efectiva solidaridad que supere el ámbito meramente familiar sino la ausencia total del coraje suficiente para decir "basta" en cualquiera de  los ámbitos en los que estemos insertados.
 Como decía hace muy poco un egregio comentarista, es la falta de huevos, es triste, muy triste reconocerlo pero entra la Iglesia, las escuelas y las universidades del régimen nos han castrado a todos pero bien.

Rajoy, el hombre más poderoso de España


Si quiere Rajoy, el atroz suplicio de millones de personas se atrasará hasta que pasen las elecciones en Galicia y el país vasco y no exista ya peligro de que la palabra rescate hunda sus perspectivas electorales.

 Decía lord Acton: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

 Pero ¿qué es el poder y cómo corrompe?

 Resumiendo mucho, el poder es la facultad de hacer algo. Y todos, aún los más míseros, que no miserables, tenemos alguno. Ese pobre hombre que vive ya sólo a expensas de lo que a los contenedores tiran los otros, también tiene un sólo, único poder: tirarse por ese desnivel y acabar con todo. ¿Por qué no lo hace?

 Tal vez sea por miedo a no matarse del todo y que su existencia sea aún peor o acaso el miedo ése tan espantoso a lo absolutamente desconocido porque somos muchos los que pensamos ya que nuestra vida puede empeorar ineluctablemente.

 Pero existe también, desgraciadamente para todos nosotros, los desterrados, los hijos de Eva, un poder mucho más alevoso y criminal del que ayer escribíamos, ése poder político que no tiene otro objetivo que el propio engrandecimiento personal, porque un tipo supermultimillonario, como Rajoy, ¿qué coño quiere más?

 ¿La gloria, pero si se está cubriendo de mierda y él lo sabe?

 ¿Entonces?

 Sí, señor, lo ha adivinado usted: el poder por el poder.

 Lo está pasando mal, ha adelgazado muchísimo, cuesta comprender como un tío con esas enormes responsabilidades logra incluso dormir.

 Pero dicen los que lo han experimentado, en la medida en que lo hayan hecho, que es seguramente el mayor de todos los placeres del mundo, ése de saber que todo depende de lo que a ti se te ocurra decidir.

 O sea que enviar a la miseria, al hambre y a la más absoluta desesperación a millares, a millones de personas, puede resultar agradable incluso para tíos que no sean psicópatas, ¿o es que lo son?

 O tal vez el secreto se halla en esa sencilla pero tan terrible afirmación de lord Acton: el poder corrompe.

  Tal vez, en lo más hondo del alma humana, subyace ese afán de saborear el dolor ajeno, una manera de aproximarse a los dioses.

 Casi todos nosotros tenemos enemigos. Hasta el punto de que el que no los tiene tal vez sea porque, realmente, no exista.

 Yo conscientemente no he hecho nunca mal a nadie y las pocas veces que, por error, he perjudicado a alguien lo he corregido inmediatamente.

 Lo que no significa que sea uno de esos tontos de baba.

 Sé, creo que lo he sabido siempre, con quién me juego realmente los cuartos, cuando trabajaba 7 horas diarias en la Telefónica y cuando pasaba casi todo mi tiempo en los pasillos de los juzgados.

 Fui un jodido proscrito en ambos ambientes y la mayor parte de mis compañeros se aprovecharon inicuamente de mí, utilizaron mi vocación de servicio a los demás para que me dieran en la propia cara casi todas las hostias.

 Fui, he sido y seguramente seré siempre, todavía, aún, perseguido por ello, a veces, la jodida persecución se detenía en la simple maledicencia, en el insulto zafio y ramplón, pero muchas, muchas veces se llegó incluso a la agresión física.

 No soy, ni mucho menos, masoquista, tengo demasiada sensibilidad física, de modo que los golpes recibidos no me agradaban, pero nunca los rehuí a cambio de la indignidad.

 Casi siempre he sido perseguido, en todos los ambientes, y creo que aún lo soy, puesto que cotidianamente me expulsan de algunos de los sitios a los que acudo a debatir. Y no ha sido sólo en los llamados ambientes retrógrados sino en algunos que se consideraban a sí mismos el colmo de la progresión.

 Es por eso por lo que no hago caso a mis mejores amigos, que me aconsejan que emplee el poco tiempo que me queda en ver cine. 

 No tengo tiempo. Creo que mi principal, si no única, obligación es luchar cada día en la medida de mis escasas fuerzas porque este mundo sea un poco mejor.

 Lo contrario que hacen ésos que, como Rajoy, son absolutamente poderosos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un asesinato que quedará impune

 Asesinato es, según la Academia de la lengua, (De asesino).

 1. tr. Matar a alguien con premeditación, alevosía, etc.

 Soy cabeza de familia de una de 4 miembros, todos ellos ya, incluso yo, absolutamente incapacitados por enfermedad. Mi pensión mensual actual es de 1.485 euros mensuales.

 Y mis gastos fijos, insoslayables, son: 150 euros de comunidad, 200 más de consumo eléctrico, 50 de agua, otros 50 de gas y 80 más de teléfono. 530 euros, pues, de gastos fijos.

 Pero, como digo, todos estamos enfermos de cierta gravedad. Mi mujer, con un alzheimer avanzado, no reconoce ya a sus hijos y apenas si puede hablar porque ha olvidado ya todas las palabras, precisa de unos 12 medicamentos, alguno de los cuales como el Exelon, importan 200 euros, por los que la Sra. Ana Jaguar Mato me saca ya ni más ni menos que 20 euros mensuales por una sola de las medicinas que antes eran gratuitas, mientras se tuesta impunemente la epidermis bajo sus rayos Uva, y mis hijos satisfacen el precio de los mismos en su integridad.

 O sea que, prácticamente, no tenemos ya para comer y, encina, ahora nos amenazan con bajarnos la pensión por la que contribuí ni más ni menos que 60 años.

 Será, pues, la crónica de una muerte anunciada que, por supuesto, tiene sus autores.

 Para que yo y los míos, y casi 20 millones de personas más, nos muramos de hambre es absolutamente necesario que Rajoy, Soraya, Cospedad, Arenas, Gindos, Montoro, etc., y toda la casi interminable lista de enchufados del PP amasen unas fortunas totalmente incalculables que se incrementan exponencialmente y se sitúan en los mas seguros lugares del mundo.

 Es, pues, un autentico asesinato puesto que se nos está privando de la vida premeditada y alevosamente para lucrarse con todos esos bienes a los que tenemos el mejor de los derechos.

 Pero lo hacen con alevosa impunidad puesto que todo lo que ponen en acción lleva la coartada de la legalidad, para ello, el supremo mentor de todos ellos cuidó de crear un documento que santificara no sólo la expropiación de todos nuestros derechos sino también nuestro exterminio.

 Su tarea avanza a pasos agigantados, cada día, leemos en la prensa un golpe nuevo más a nuestra integridad física que implica al propio tiempo el enriquecimiento exponencial de algunos de ellos, así, si nos limitan la asistencia sanitaria universal, sus hospitales se enriquecen paralelamente, como también sucede con las modificaciones que están introduciendo en la enseñanza, en el transporte, etc.,  todo lo cual no sólo está pasando a manos privadas sino que se encarece tan progresivamente que asusta.

 Y detrás de cada expropiación y subsiguiente apropiación absolutamente indebida está ese malvado plan político dirigido por esos diabólicos personajes que se visten con los ropajes de la dignidad gubernamental, cuando sólo son, en realidad, los más repugnantes verdugos.
 Obama, Merkel, Hollande, Monti, Cameron, y, sobre todos ellos, Rajoy no son sino la cara, el infumable rostro necesario para que todas esas  canallescas decisiones que, cada día, llevan a la miseria y a la muerte a millones de inocentes, puedan tener efecto con una apariencia de legalidad que ni siquiera los convence a ellos.

 Mientras, niños, ancianos y menesterosos, enferman y mueren ya sin aquella apariencia de humanidad que le proporcionaba a ese infinito e interminable asesinato, la infame coartada que alguien llamó irrisoriamente Estado del bienestar, hoy, incluso esa máscara sanguinolenta les parece ya demasiado y se apresuran a destruirla sin ningún rubor, estando convencidos de la total impunidad de sus criminales conductas.

 Y, mientras, una humanidad absolutamente aborregada hace como que no se entera de nada, conviviendo con la miseria, el hambre y las más radicales injusticias, tolerando este universal asesinato que no sería posible sin su repugnante colaboración.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Penúltima respuesta a Adrián Massanet

Dos de los más grandes filósofos de todos los tiempos, si no los más grandes, han titulado sus obras cumbres casi de la misma manera: Ser y tiempo. El ser sólo existe realmente en relación con el tiempo y el tiempo sólo puede ser percibido por el ser humano.

De modo y manera, mi querido jenízaro Adrián Massanet, que tú y yo nos hallamos separados por una distancia cuasi infinita, el jodido, el canallesco, el maldito tiempo, lo único que no podremos reponer nunca.

Decía hace poco por aquí que yo no creo en los sacerdotes, ni tampoco en los jueces, ni mucho menos aún en los políticos, ni, pero qué loco que estoy, en los jodidos científicos que venden su sabiduría al mejor postor, ni tampoco en los médicos que han estado ya varias veces a punto de matarme, ni siquiera en los filósofos a los que acabo de citar, que sólo creo en los jodidos poetas porque éstos piensan con el puñetero corazón lo que es absurdo y, por lo tanto, artístico, poético.

No tengo tiempo para nada ni siquiera para vivir, si lo hago es porque este jodido impulso que nos empuja a seguir respirando es completamente autónomo y me lleva ahora a contestar al que seguramente de todas las personas que he conocido me produce una mayor satisfacción porque este viejo chocho, absolutamente inútil y ya casi ágrafo, se ve en cierta medida reflejado en él, con esa misma locura, santa locura, que él siente por el cine, locura que a mí, para desgracia mía, me dejó hace ya demasiado tiempo.

El cine, si es bueno, no es que sea la vida, es mucho mejor que ella. Porque, en él, todo sucede, al fin, como debe de ser y éste es un imperativo que, como ético, supera a cualquier otro como  éste que busca desesperadamente morirse ya de una vez en medio de un ansiado “dolce far niente” en el que yo ahora, sin tiempo ya para nada, quiero refugiarme y que no sé por qué a mí me recuerda al mejor Sócrates, no sólo porque dijo aquello de sólo sé que no sé nada sino también por la jodida muerte que tuvo.

 Nuestras vidas son los ríos que van a parar al mar, que es el morir. De manera que yo ya estoy en la misma orilla del océano. Por eso me congratula tanto comprobar que no voy a estar tan solo como yo temía cuando inicié esta aventura internáutica, en cuyo momento escribí mi primer post creyendo firmemente que nadie lo iba a leer.

 Verás, Adrián, cuando yo tenía tu edad, que, por cierto, no se cuál es, el cine no era sino toda mi puñetera vida porque no podía vivir de ningún otro modo, de manera que puede decirse que el cine, eso que ahora parece que detesto, me ha hecho lo que soy y como soy, pero sucede que, ahora, tengo un problema, un sólo y único problema: el tiempo. No tengo tiempo para nada y a la vez siento la ineludible necesidad de, por lo menos, intentar hacerlo todo.

 Y todo ¿qué puñetera cosa es? Una pregunta así sólo puede responderse con una tautología: todo es todo.

 Verás, Adrián, no hay nada más hermoso en el mundo que un buen fotograma en una hermosa secuencia de una buena película, pero toda esa belleza, toda esa hermosura no es nada junto a un sólo instante del dolor de un sólo hombre, de una sola criatura humana.

 He tardado 83 jodidos, puñeteros, asquerosos años en aprender sólo esto. Toda la grandeza sinfónica de Apocalipse now, o ese cerrado y perfecto mundo del Cuarto mandamiento, no valen lo que un sólo momento de la agonía insoportable de un hombre o de una mujer que, además, pueden ser tu padre o tu madre, tu mujer o tu hijo. Junto a este dolor, a esta desolación, las más hermosas secuencias del cine como los logros de cualesquiera otro arte sólo son juegos de artificio, bellos pero irreales.

Y la jodida, la puñetera realidad exige su durísimo tributo, se trata de un orden insuperablemente exigente de prelación. Yo entiendo perfectamente que tú, e incluso ese jodido y entrañable Futbolín, la mejor persona quizá que yo he conocido en mi vida, tengáis, queráis tener el tiempo suficiente para ver The Wire y, además, vivir.  Yo, no.

No soy hipocondríaco, pero, cada día, descubro en mi puñetera anatomía síntomas inequívocos de que se acerca el final, aparte de que cada hora, cada minuto, cada segundo tengo que atender y resolver esa lenta y terrible agonía que sufre mi esposa.

Volvemos a las prelaciones. Si yo le robo a  mi mujer un sólo minuto, si malgasto una sola de mis intempestivas horas, en la madrugada o cuando triunfa la noche, en escribir todas estas cosas que escribo, es porque pienso que ello tal vez pueda ser útil para que uno de los que las leen vea ese poco de luz que en el momento de su muerte dicen percibió Goethe: “todo es luz”.

 Nada me gustaría más que pedirle a Futbolín, que dice que va a venir pronto a verme, que me traiga un Dvd con todos esos episodios de The Wire y hacer como él, novillos, a éstos que considero mis últimos deberes. No sólo sería más placentero sino también más fácil, pero creo que, de hacerlo, mi semejanza con el viejo Sócrates, murió a los 70 años, creo, desaparecería totalmente.

 De modo que me temo que no veré nunca The Wire ni acabaré nunca El Códice secreto, una falsa autobiografía de Da Vinci, que empecé a escribir hace ya muchos años y que daría cualquier cosa que no fuera tiempo por concluir.

 En fin, en otra vida, tal vez, será. Ahora tengo que seguir cuidando de mi mujer no sólo porque la quiero más que a mi vida, sino porque un día le prometí cuidar de ella en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte nos separara y la barca del jodido Caronte hace ya demasiado tiempo que se halla atracada en mi puerta.

 Un abrazo, mi querido jenízaro.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El jefe supremo de todos los ejércitos que ¿nos salvó una vez?

El Rey se reúne con los empresarios en mi querida Telefónica, 30 años de mi vida, trabajé allí, 7 horas diarias menos los domingos, y un coronel,  ha dicho que para que Cataluña sea independiente habrá que pasar por encima de su cadáver. Y no lo olviden ustedes mis queridos amigos, un coronel es mucho más que un general en cuanto a mando efectivo porque es el que tiene cotidianamente el contacto directo con la tropa, un general maneja papeles, hoy, un coronel cañones y tanques, buques y aviones.

 Y les juró por todos mis muertos que son muchos más que mis vivos, que éste es el sentir general del ejército, incluso de los más progresistas, que los hay, incluso algunos, de mi propia familia, convenientemente depurados porque no se sumaron en su día a aquella canallesca rebelión.

 Pero un militar es como un sacerdote o como un médico, tiene deberes que están por encima de cualquier circunstancia, porque imprimen carácter, de manera que se es o no se es. Ésta es la cuestión, que diría el puñetero Shakespeare.

 No sé si me estoy explicando.

 Corren los peores tiempos para la lírica, perdón, quise escribir la política, tan malos son que yo creo que la política en cuanto tal ha dejado lisa y llanamente de existir, se trata únicamente de una simple cuestión de poderes, el económico ha dicho: “aquí estoy yo, soy así, estos son mis poderes y no estoy dispuesto a ceder un milímetro en mis posiciones, los demás pueden hacer lo que le salga de ese maldito sitio que no debe nombrarse”.

 Teóricamente, los políticos, o sea, el gobierno y la oposición también, tendrían algo que decir pero no dicen nada: unos, la oposición, porque ya no son nadie, han perdido hasta la memoria de lo que fueron un día, cuando vivía gente como Pablo Iglesias, Azaña, Indalecio Prieto y Negrín, pero hoy no existe tipos como aquellos, sino febles mequetrefes que no tienen de humano más que la apariencia, si fueran hombres de verdad haría ya algún tiempo que esto habría estallado, yo no sé por dónde, pero lo hubiera hecho.

 Y el gobierno, coño, el gobierno no es sino los mismos tipos que se han reunido con el Rey en mi Telefónica, algunos de sus miembros son incluso mucho más ricos, tienen no sólo más dinero en efectivo, casas y otras propiedades, sino que su influencia es más poderosa que por ejemplo la de un Alierta o un Botín, por nombrar las cabezas de las 2 más grandes de nuestras empresas.

 Porque han asentado sus reales en donde radica siempre el verdadero poder, o sea, en la fuerza. La fuerza es la capacidad de obligar a los otros a hacer lo que nosotros queremos. Rubalcaba es, por ejemplo, un pobre alfeñique que ni siquiera sabe lo que tiene que hacer, su postura es realmente patética, él, que llegó a pensarse a sí mismo como una especie de Fouché, no es más que un pobre hombre que sólo inspira ya lástima, así que nunca podrá basarse en él la menor esperanza.

 Y la fuerza son ellos, nuestros enemigos naturales, el ejército y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

 Esto es lo que me desespera, que hayamos consentido que alguien nos lavara de tal forma el cerebro que ahora admitamos como natural que la policía no tiene otra misión que protegernos interiormente de las agresiones que nos hacemos nosotros mismos y que el ejercito, coño, el ejército es la garantía de que la Patria, la más jodida, coño, de todas las palabras, persistirá incólume por los siglos de los siglos, pero resulta que yo que formo parte, según dicen, de la jodida Patria no poseo de ella más que las servidumbres, hice un servicio militar de 15 meses, que creo que fue inútil para todos, sobre todo, para mí, perdí realmente este jodido tiempo jugando a los soldaditos, no aprendí nada realmente útil para nadie ni siquiera para ellos, porque les perdí el poco respeto que les tenía al comprobar que son una especie de casta india que no tiene otro fin, otro propósito que vivir del cuento porque no hacen nada que se productivo para alguien.

 Pero están ahí, con las orejas tiesas, como buenos perros de presa, que es lo que son, esperando que alguno de nosotros se desmande según ellos para saltar sobre nosotros y someternos a la peor de las tiranías por todo el tiempo que dure la vida del mandamás.

 De modo que esto es lo que hay: los plutócratas reunidos con el Rey, en mi puñetera Telefónica, 30 años larguísimos que trabajé allí, 7 horas diarias todos los días menos los domingos, están inquietos porque temen habernos apretado demasiado, y los verdugos profesionales más inquietos aún porque a éstos los excita mucho el olor de la sangre, y, luego, al fondo, velando sus armas, cansados de esperar, esas largas filas de gente uniformada que quiere, al fin, cumplir con la idea del destino que les inculcaron en las academias militares, “España es un destino en lo universal”, pero qué clase de destino, coño, que yo estoy harto ya de pasar tantas calamidades y ya lo he visto todo, en estos 83 años, desgraciadamente.

 Ojo, porque es mucha verdad eso de que el león está cansado ya de tanto tiempo sin hacer realmente nada.

Carta abierta a dos jodidos jenízaros




Los 2 van por la vida como jodidos hombres de izquierdas pero son de derechas, de derechas de toda la vida como suelen decir los que realmente son de derechas.

Yo suelo decir que un tío de izquierdas es aquel que ama por encima de todo a la verdad y que está dispuesto a dar su vida para que impere la justicia.

Pero, claro, estos son los principios primigenios de los que se derivan, luego, un montón más.

Si tú amas la verdad por encima de todas las cosas, no tienes más cojones que admitir que tu amor ha de empujarte en todo momento a luchar por ella, sin decaer un jodido instante, o sea, coñoso Futbolín, que nada de devaneos con The Wire, porque con cada episodio de tal engendro diabólico que ves, estás sustrayéndole a la principal obligación de tu puñetera vida, el don más precioso de ella, la propagación de la verdad.

O sea que cuando tú, jodido pequeñoburgués, dices que te has mamado ya 35 episodios de esa jodida serie, que no es sino la más canallesca versión del opio del pueblo, estás proclamando “urbi et orbe", jodido cabrón, que has traicionado  tu principal obligación de propalar la verdad marxista entre todos tus coetáneos, como tan bien venías haciéndolo y te has convertido así en eso que yo llamo muy benévolamente “cochino canalla perfecto hijo de puta”.

¿No te gusta, verdad? Pero no es sino una somera descripción de lo que tú eres. Tú conoces la verdad todavía mucho mejor que yo porque la has mamado en las propias reuniones del jodido partido comunista, yo sólo soy un aprendiz amateur que ha ido siempre por libre porque no ha tenido otra oportunidad, pero tú, canalla de los canallas, has tenido la ocasión de mamarla en la mejor de las ubres del mundo y ahora vienes, jodido burgués, y te cuelgas del más asqueroso de los pezones de la fábrica de los sueños, que tiene embebida a toda la humanidad en un juego de sombras chinescas para que no piense en lo que debe de pensar y se entregue a los farisaicos brazos del peor de los embelecos. Traidorzuelo, más que traidorzuelo, que te has vendido el peor de los enemigos, los Usa, por mucho menos aún que un jodido plato de lentejas.

Te abomino con todo mi corazón como antes te amé por encima de todas las cosas.

Que te follen, pequeño traidor.

Y, luego, está el jodido artista, el asqueroso tipo que tañe la flauta de Hamelin. El tío que se pretende de izquierdas y no es sino el peor de los propagandistas de la peor de las fes. De la jodida fe usaniana que tiene sumido al mundo en el peor de los sueños, porque es un sueño supremamente plácido en el que es muy agradable dormirse.

Todo su furibundo odio a lo burgués no es sino la peor de las mentiras. Ama con insuperable pasión todo lo que dice combatir. Cada uno de los efluvios opiáceos que el peor de todos los imperios del mundo lanza al aire para adueñarse de todas nuestras almas y someterlas a un sueño eterno tienen en él, sin duda, el mejor de los propagandistas, por eso si un día lo amé por encima del cariño que tengo a mis hijos, hoy, lo maldigo con todas las fuerzas de mi viejo corazón, porque ha sido el medio por el que los malditos Usa se han hecho con la voluntad del mejor de los camaradas que yo he tenido, el hombre que venía por aquí a hacer un trabajo que ya se escapa a mis débiles miembros.

O sea que este tipo, el tal Adrián Massanet, es mucho más peligroso que aquél, porque el jodido Futbolín, en realidad, es la víctima, el pobre y canallesco drogadicto que se ha dejado inducir al peor de los vicios, pero el jodido cineasta es el mismo Diablo, que viene por aquí,  con sus buenas palabras y nos va liando a todos con su canallesca alabanza de todos esos genios cinematográficos que han vendido sus almas al peor de los oros que no es el de Moscú, como se nos venía diciendo, sino el del maldito  Holywood, la jodida, la canallesca, la asquerosa, la repugnante fábrica de los peores sueños, ésos que son capaces de anular para siempre incluso el afán de servicio a la verdad y a la justicia de un tipo como el que antes era el jodido Futbolín.

En cualquier caso, que el Dios, en el que yo sí que creo, los maldiga a ambos hasta tal extremo que se confundan del todo y el jodido artista se transforme en el vehículo para que la auténtica verdad marxista llegue hasta el último de los confines de este asqueroso mundo y el otro, el jodido Futbolín, se vaya a Holywood a tomar por culo, si es que encuentra a alguien con el suficiente malgusto.

Que los follen, coño, que los follen.