martes, 7 de agosto de 2012

¿Estamos ya a punto para que se produzca nuestra plaza Tahrir?






¿Estamos llegando ya al punto de ignición, a ese momento en el que todo puede estallar por los aires?

 Algo que no sucedía desde hace muchos, muchísimos años, ocurre ahora cuando un tipo como Jorge Javier No sé cuántos, sí, ése que hace el programa basura más visto de la Tele, va y dice en una entrevista que le hacen que si no fuera por el dinero negro que circula por ahí, todos los escaparates de España estarían ya rotos, o algo así, más o menos.

 Y, hoy, comparten 1ª página en El Periódico de Catalunya 2 noticias mucho más relacionadas entre sí de lo que parece: 1) que los contenedores, a la salida de los grandes supermercados, están siendo precintados por las autoridades competentes para que los hambrientos no puedan acudir a buscar comida a allí, y 2) que unos tíos cojonudos, con el Alcalde supercomunista de Marinaleda a la cabeza, han acudido a 2 grandes supermercados, probablemente los más grandes, Mercadona y Carrefour, y se han llevado un montón de carros llenos de alimentos para atender a los que están a punto de morir de hambre.

 Hace ya tanto tiempo que no ejerzo el Derecho, que no leo por tanto las actualizaciones legislativas, que no sé si el famoso “hurto famélico” sigue estando excluido de los Códigos penales del mundo, si lo sigue estando, lo que han hecho Sánchez Gordillo creo que se llama el referido alcalde y sus magníficos seguidores, quedará excluido como es lógico de persecución penal por los asquerosos cipayos del poder político.

 Si no, es igual, si las cosas continúan por el mismo tenor, pronto no habrá sitio en las cárceles patrias para contener a esos 15 millones de españoles que han sobrepasado ya el nivel absoluto de la pobreza y para los cuales el hurto famélico ya no podrá ser tampoco una solución y, entonces, este pueblo tan imbécil pero esencialmente desesperado no tendrá más remedio que echarse a la calle si un salvador de la patria, militar, por supuesto no da antes el consabido golpe de Estado.

 Mientras tanto, seguiremos tolerando que estos gobernantes de pacotilla que acuden a sus despachos después de haber pasado por los departamentos de tostado de piel y depilación, nos sigan tiranizando inicuamente al propio tiempo que se ríen escandalosamente de nosotros, mientras sitúan en todos los puestos de la Administración del Estado a todos sus parientes, amigos e incluso solamente conocidos con el más asqueroso panaguadismo que nunca se haya conocido en la historia universal de la infamia.

 Y lo peor es que, a mí por lo menos, no me sirve en modo alguno de consuelo que todo este horripilante calvario se lo haya merecido un pueblo que no ha sabido distinguir entre los que aspiraban a gobernarle pseudodemocráticamente entre lo que tradicionalmente se denomina el menor de los males, aunque tal vez sea justo apuntar que, en este caso, los dos males entre los que realmente se ventilaba la conquista del jodido poder eran iguales.

El País, el diario universal, me da la razón

                  Voltaire
 Bueno, Futbolín, tengo importantes y significativas noticias.

 Verás, yo entraba casi todos los días en el diario El País, y dejaba allí los comentarios que me apetecían, incluyendo, luego, el post de mi archivo que me parecía más relacionado con el tema del artículo que comentaba.

 Todo iba como la seda hasta que el otro día escribí el post “El País traiciona su primer deber deontológico”, en el que ponía de manifiesto con toda la evidencia del mundo que dicho diario no cumplía con su deber primordial de informar verazmente a todos sus lectores de lo que realmente sucedía en este puñetero país y no se me ocurrió otra cosas que ir a allí, a El País, e incluir dicho post en un comentario.

 Resultado: retirada fulminante de mi autorización para escribir o comentar allí.

 Y tú me dirás: “coño, Pepe, ¿qué esperabas, que estos señores recibieran el que seguramente es el más directo y profundo de todos los ataques que han recibido en toda su vida, allí, en su propia casa, y se quedaran impávidos, como si no hubiera pasado nada, en qué puñetero mundo vives tú?”.

 Y yo, que soy probablemente el tío más ingenuo del mundo, te replico vivamente: “Sí, claro que sí, porque yo consideraba a ese diario, en el que escribe  cotidianamente la flor y nata no ya de la intelectualidad española, con algunas excepciones muy irritantes, por supuesto, como las del tal Vargas Llosa, sino gente que participa de la esencia misma de lo que yo considero la izquierda auténtica, ésa que preconiza hasta el máximo límite la libertad de expresión que afirma categóricamente: ‘odio lo que usted dice pero daría mi vida para que usted pudiera seguir diciéndolo’”.

  Olé, tus cojones,  Voltaire, me queda poco que estar en este asqueroso recinto, pero lo daría todo porque tu deseo se cumpliera no siempre, pero sí de vez en cuando.

 Y si había en este mundo un sitio donde tal precepto se cumpliera era aquél, el sacrosanto recinto de la libertad en todos sus órdenes, pero sobre todo, faltaría más, de la libertad de expresión.

 Efectivamente, soy el mayor de los ingenuos, Futbolín, porque son muchos años ya soportando persecución en todos sitios y en todos los órdenes, desde mi adorada Telefónica, en donde no me dejaron ir hasta los 10 años a las oposiciones para jefes por mi condición de comunista, a los juzgados, donde todos los años, todos los funcionarios, más de mil, por unanimidad me otorgaban el premio “Limón”, pasando por ese chat calamitoso que era Fuego Amigo, del ínclito Manolo Saco, que me declaró “el innombrable”, pasando, ahora, por la persecución a mis blogs que, para mí, están siendo hackeados sin ninguna duda, y, por último, por esta retirada del permiso de comentar en ese adalid de la prensa libre mundial que es El País, por haberme metido limpiamente, a cara descubierta, en su propia casa, en su propio terreno de juego, en su propio campo, con ellos.

 Y, de esto, Futbolín, sí que no cabe ninguna duda, es un hecho neto, escueto, incontrovertible, yo, que podía entrar allí, para comentar con mi nombre de guerra, “eutiquio”, y con mi dirección electrónica y la correspondiente contraseña, he sido expulsado del paraíso por cualquiera de los ángeles exterminadores, que allí parece que son muchos, porque no sólo he descubierto la verdad, sino que, además, me he atrevido a decirla, a proclamarla, allí, donde se dice que se halla el templo de la verdad, por los cojones del Tío Raimundo.

 Verás, Futbolín, un tío loco que, un día, dio en llamarse mi escudero porque a mí me llamaba Don Quijote, me dijo algo que se quedó flotando por mi cerebro como un presagio, como una sentencia de muerte: “¡Ay, mi señor, cuánto me preocupa que busque vuesa merced la verdad de tal manera porque mucho me temo que va a acabar por encontrarla!”.

 Pasado algún tiempo, aquel escudero que era mucho más listo y peor persona que Sancho, me abandonó en busca de mejor señor y a fe que lo halló, el muy jodido, el tal Saco.

  Pero acertó plenamente en su profecía, la verdad, la jodida verdad, he terminado por encontrarla, o, a lo peor, es ella la que, al fin, me ha hallado a mí.

 Todo no es sino una lucha a muerte por el poder porque el ansia de poder es lo más fuerte que el hombre lleva incrustado en su sangre.

 En eso creo, humildemente, que se equivocó el gran Marx, no es el dinero, no es el capital, el motor que mueve, en última instancia,  a este jodido mundo, sino el ansia de poder, que, claro está, se materializa, se muestra a través de aquél que Quevedo llamó poderoso caballero, pero que ahora sabemos que no es el supremo poder de este mundo porque, si fuera así, lo tendrían los banqueros y ya sabemos que no, porque van todos por ahí, con la lengua fuera buscando su salvación, y no la encuentran, porque alguien, en un recóndito e ignorado lugar, todavía no ha dado la orden de que cese esta sangrienta lucha que tanto mal está haciendo a los más débiles, porque cree que esta vez, sí, esta vez tiene a su alcance el pleno dominio del mundo, o sea, la plenitud del poder.

 Y uno de los más grandes poderes de este jodido mundo, hasta el punto de que yo, pobre de mí, lo sitúo como el primero, es el de la prensa, de ahí, toda esa insuperable responsabilidad que yo le exijo, por encima de todos los otros, porque, si ella quiere, en, un plis plas, acaba con el jodido poder que se le enfrente, y ahí están, por ejemplo, Nixon, en los Usa y aquí, en España, el inefable Felipe González, aquel tipo que  temía, dijo, morir de éxito, si será tonto el tío.

 Esto lo he visto ya tan claro y lo estoy diciendo ya tantas veces, en todos los sitios en que me dejan hacerlo, pero no con simples afirmaciones, sino con proposiciones lógicas acompañadas de sus irrefutables pruebas, que alguien, coño, no sé quién puñetas es, ha decidido silenciar esta pequeña boca que va diciendo por ahí lo que no conviene que se sepa, que los que realmente mandan son ellos, por debajo de él, por supuesto, de ese ignoto y quizá inexistente señor Dios Todopoderoso pero terriblemente humano, que encarna la cumbre del poder, los dueños de los grandes medios de comunicación que pueden hacer y deshacer reyes y presidentes de gobierno, pero que no  se atreven a vivir un día siquiera sin que un tipo como Florentino Pérez ordene a todas sus empresas que retiren su publicidad de las páginas de los diarios en los que sus directores no le obedecen.

 "Sí, es verdad, este pobre loco tiene toda la razón del mundo: nosotros sólo podemos decir medias verdades, a veces, siempre que no rocen siquiera los auténticos intereses de los que realmente mandan aquí, los que ponen realmente el dinero para que nosotros podamos seguir saliendo a este jodido, puñetero, canallesco mercado, o sea, a los que nos suministran el dinero suficiente para poder editar, cada día, cada jodido y puñetero día, sólo un día, si serán cabrones los puñeteros, a fin de que tengamos muy claro de quién y cómo dependemos, el dinero suficiente para hacerlo que unas veces nos viene directamente, mediante inyecciones de capital por los que nos dan las órdenes pertinentes para que hagamos lo que hacemos, y otras, por medio de esa publcidad de la que dependemos tanto que un sólo día sin ella y tendríamos que cerrar, así que ¿cómo coño pretende ese jodido loco que digamos la verdad, por ejemplo, del Real Madrid, al día siguiente Florentino nos retiraría la publicidad de todas, que son todas, las empresas españolas?

 Y, para evitarlo, en este insignificante caso, sólo teníamos que dejar a este pobre loco sin la posibilidad de venir a aquí, a nuestra propia casa a decirnos lo que somos y lo que hacemos.


lunes, 6 de agosto de 2012

La sumisión de Rubalcaba

 ¿Por qué si ellos no respetan ninguna de las leyes universales, hemos nosotros de respetar las suyas que son tan execrables?

 Si acudimos a algunos de los hombres más sabios que ha dado nuestra especie, el problema está allí completamente resuelto:

 -¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? Y, luego, da un paso más perfectamente aplicable a nuestro estado de cosas: ¿Entre qué gente estamos, en qué ciudad vivimos?

 Escribía yo el otro día sobre la ciudad sin ley, cómo en ese larguísimo proceso histórico que nos ha llevado a estos tiempos de oscuridad, mucho más negros aún que aquellos que tan bien nos describiera Hannah Arendt, la vieja polis griega ha sido completamente destruida por unos canallescos actores, de tal modo que el viejo grito que todavía retumba en los muros de todos los Parlamentos del mundo, sigue esencialmente vivo y lacerante, si acaso, ahora más que nunca: “¿Entre qué gente estamos que no se alzan como un sólo hombre contra tanta injusticia, en qué tipo de ciudades vivimos que permite que sus teóricos gobernantes las opriman con las peores leyes sin ningún pretexto, por qué todos los diputados que no son del PP no abandonan el famoso hemiciclo y los dejan allí solos para que los derrote la vergüenza, el oprobio de legislar en contra de todos los principios decentes de la civilidad, porque hoy, más que nunca, el grito ciceroniano restalla contra los muros de todas las ciudades del mundo: en qué ciudad vivimos que no se alza contra sus indignos opresores?

 No sé, Futbolín sostiene que no es posible que mis blogs estén siendo saboteados, pero lo cierto es que no hay manera de que funcionen con normalidad y yo, en mi irreductible individualidad, no puedo saber lo que está sucediendo con los de los demás, pero el caso es que estos 2 insignificantes foros míos no hay manera de manejarlos como yo lo hacía antes, con esa facilidad tan increíble que permitía  mi torpeza, de modo que yo hacía, decía, en ellos, todo lo que se me antojaba sin ninguna traba y, ahora, no puedo a veces escribir lo que quiero y, si lo hago, desaparece como por ensalmo y no vuelvo a encontrarlo por más que me esfuerzo. Y esto ha sucedido, qué casualidad, en los 2 blogs al mismo tiempo.

 Mi viejo, mi añorado blog, aquél que funcionaba bajo “jlpalazonO. blogspot.com”, ha pasado a mejor vida y anda perdido por los espacios siderales absolutamente ingobernable sin que yo haya hecho otra cosa para merecerlo que criticar a esta clase política que tanto abusa de nosotros, eso, sí, yendo mucho más allá, por lo menos en el lenguaje, que cualquier otro blog que yo haya leído y eso puede que haya irritado a alguno de sus indebidos lectores que haya utilizado sus conocimientos de informática para situarme, otra vez, fuera de juego, como cuando escribí aquella mi primera novela, con este título, que fue seleccionada en el Planeta de 1.968, porque yo siempre he estado fuera de juego, siempre lo estaré en un mundo como éste.

 Pero estábamos escribiendo de esta ciudad destruida, de esta civilización arrasada por estos nuevos bárbaros del Norte que una vez más operan detrás de las fronteras alemanas, bajo el lema insoslayable del “Deutschland, Deutschlan über alles”, "Alemania, Alemania por encima de todo, por encima de todo en el mundo",  teniendo como objetivo único preservar a dicho país de cualquier perjuicio que pudiera sobrevenirle por la crisis mundial que nos azota.

 Y ellos, parece, que todavía están a salvo, que los 4 jinetes del Apocalipsis aún no los han visitado, hasta el punto de que son el único país de Europa que no sólo no paga porque suscriban su Deuda pública sino que cobra por ello, porque todo el mundo sabe que Alemania, está y estará por siempre y para siempre sobre todo.

 De modo que Rubalcaba, el feroz Rubalcaba, aquél a quien la prensa de ultraderecha, la única que realmente pinta algo en España, acusó en tiempos de tener un comando terrible, el famoso “comando Rubalcaba”, el de la oratoria temible en las Cortes, come ahora en las manos de ese fantoche cuasi lusitano que hoy nos oprime y ya no le falta más que aplaudirle tan fervorosamente como hicieron sus lacayunos secuaces cuando condene al más triste pero también más inoperante de los pueblos a sucesivos castigos, porque es indudable que lo tenemos merecido, de modo que, al fin, es una triste justicia pero justicia al fin, que este pueblo nuestro de todos nuestros imperdonables pecados, tenga lo que tanto se merece, el peor de los destinos económicos del mundo, la intervención por ese nuevo Moloch en el que se ha convertido aquella que parecía la invención de todos los siglos, la refulgente, la imparable, aquella cuya moneda sometió inmediatamente al dólar, la invencible Unión Europea.

domingo, 5 de agosto de 2012

El País traiciona su deber deontológico


 http://elpais.com/elpais/2012/08/04/opinion/1344103280_196825.html

A buenas horas, mangas verdes.

En el editorial que insertamos arriba, El País, qué pena de la deriva que sufre poco a poco este diario, dice cosas como éstas:

 "El Gabinete de Mariano Rajoy ha adoptado una neutralidad muy de elogiar, confiando en que el mercado y los organismos reguladores resolvieran los contenciosos. Pero ni el mercado es transparente (a pesar de mover cientos de millones de euros) ni los órganos de regulación y supervisión han logrado imponerse frente a las prácticas execrables de algunos agentes. El resultado es que hoy, apenas dos semanas antes del comienzo de la Liga, esta se encuentra dividida, abandonada a su albur por la Federación y el Consejo Superior de Deportes (CSD), y ningún operador es capaz de anunciar cómo ni cuándo van a retransmitirse los partidos. Si no se resuelve el panorama, la amenaza de quiebra de todo el sistema es considerable. Por otra parte, la Comisión Europea ya ha abierto un expediente para averiguar si la benevolencia de Hacienda con el fútbol es una ayuda de Estado".

 Hay que tener toda la cara del mundo, y más, para que un diario que no realiza una sola crítica al mangoneo que el Real Madrid, RM, hace en todo lo que se refiere al fútbol español, venga ahora, y además, proteste porque la estafa nacional que el fútbol español supone reine en todo su esplendor.

 Y es que cuando un poder absolutamente supremo como el de la prensa es en España se somete de buen grado al orden imperante ha de pechar con las consecuencias.

 En su lucha por la mayor audiencia deportiva de sus páginas, El País ha traicionado a su primer mandato deontológico: decir, contar siempre la verdad, y ésta no es ni más ni menos que el RM hace en España absolutamente lo que quiere con su beneplácito, el de El País, de modo que resulta ahora un ejercicio del más descarado de los cinismos venir ahora a quejarse ¿por qué?

 Porque no le gusta cómo se reparten, en este momento, los derechos de las retransmisiones televisivas en los que parece que Prisa ya no tiene la parte del león.

 Si tú aplaudes hasta con las orejas todo lo que hace Florentino Pérez:

 1º) porque es el mayor anunciante de España, todas las empresas de nuestro mercado están de una u otra manera sometidas, directa o indirectamente, a su grupo y, si no haces lo que él quiere, te cierra el grifo de la publicidad y te arruina,

 2º) porque estadísticamente, todavía, y sobre todo en Madrid, los forofos madridistas son mayoría, y son ellos los que compran o leen en internet los diarios, luego no tienes ningún derecho a quejarte de lo que sucede en el mundo del fútbol porque tú eres responsable de ello en concepto no ya de cómplice y encubridor sino incluso de autor, porque vosotros, El País, teníais que haber denunciado sistemáticamente, y no habéis tenido los reaños suficientes para hacerlo que:

 A) el RM domina abusivamente todo el entramado oficial del fútbol español de una manera tan escandalosa que, al final, la comunidad internacional no tendrá más remedio que intervenir, aunque para ello hayan de dictarse las normas legales oportunas, porque los efectos de la podredumbre de todo este tinglado que entre todos habéis montado acabará por contagiarse al mundo futbolístico en general, que amenazará también con irse a hacer leches, lo que no están dispuestos a tolerar las gentes decentes que todavía quedan por ahí;

 B) su dominio, como lo que es, un cáncer, no sólo es insoportablemente abusivo sino extensivo y lo está pudriendo todo, incluso a vosotros, los periodistas, que ya no sois los relatores de lo que sucede, mezcla de testigos e informadores sino intoxicadores profesionales, y os dejaríais arrancar no ya las manos sino incluso los brazos antes que escribir una sola línea que perjudique realmente al RM, como por ejemplo:

 a) que toda la Federación española del ramo está compuesta desde el conserje del edificio hasta el que era Director general, Fernando Hierro, pasando por todos y cada uno de los 7 u 8 seleccionadores nacionales, por viejos jugadores o entrenadores del RM;

 b) que lo mismo sucede con todos los miembros de los Comités directivos del fútbol español, como el de Competición y de árbitros, servidos por gente que ni siquiera esconde o disimula sus simpatías madridistas y que ha llegado en la pasada Liga al escándalo de no pitarles un sólo penalti a tipos como Pepe, Ramos, Marcelo, Albeloa, Alonso, Kedira, etc., a lo largo y lo ancho de TODO UN AÑO, lo que al estar plenamente asumido por todos ellos los convierte, sin ninguna clase de exageración, en auténticos matarifes profesionales que hacen todo lo que quieren por esos campos de fútbol, “así, así, así gana el Madrid”, sin que su redacción de deportes haya criticado esta situación y actuación NUNCA, todo lo contrario, si desde otros ámbitos como los catalanes se han atrevido muy pacatamente a iniciar una protesta, se han lanzado sobre ellos para desprestigiarlos.

 En fin, señores de El País, un poco de coherencia y de vergüenza, no critiquen ustedes una conducta de la que son plenamente culpables no ya sólo, ya lo hemos escrito, en concepto de cómplices y encubridores, sino de coautores de los perniciosos hechos, porque el que calla, otorga, y todavía más, si es periodista y tiene como la primera obligación contar toda la verdad de lo que ocurre en este desdichado país.



Hegel y Marx sembraron la semilla de la que yo me quiero aprovechar hoy.

La historia, o la vida propia, si queremos, no es sino una especie de progreso que yo ahora creo firmemente que es hacia la nada y que avanza, o retrocede, a base de espasmos y por medio de las famosas, tesis, antítesis y conclusión.

La diferencia entre Hegel y Marx radica en que el 1º todavía tenía, conservaba, una cierta raíz espiritualista, mientras que el 2º lo materializó todo, sin casi.

De modo que la puñetera historia y nuestras jodidas vidas no son más que una especie del baile aquel de la conga, creo que se llamaba, un pasito adelante y dos atrás, o al revés, que yo no me acuerdo.

Nacimos, nacemos, y queremos avanzar pero no nos dejan hacerlo los otros, esos canallas que lo quieren todo para sí.

O sea que la vida, ese fluido prodigioso y gigantesco que lo impulsa todo quiere avanzar, proseguir, progresar pero las destructivas fuerzas del egoísmo y de la avaricia lo detienen siempre y casi siempre le hacen retroceder.

Yo no sé lo que sería ahora el mundo si los canallas no hubieran puesto tantos palos en las ruedas de la tendencia del hombre a la civilidad, adonde hubiéramos llegado si a cada avance de la técnica no ya sólo mecánica sino también del pensamiento puro, las fuerzas, las puñeteras fuerzas del mal, por llamarlas de alguna manera, no hubieran hecho todo lo posible por aprovecharse de todo lo que ha significado progreso para convertirlo en un auténtico regreso.

Ahora mismo, la prodigioso aventura de Einstein y sus seguidores en el campo de la física han servido para que el avance civilizatorio haya conseguido que yo vea lo que antes era imposible siquiera imaginar, hechos prodigiosos que suceden a miles de millones de kilómetros con las instanteneidad de la presencia.
Pero también han posibilitado las inmensas tragedias de Hirósima y Nagasaki y todas esas otras que suceden cotidianamente en todos esos sitios en que la avaricia depredadora del hombre impulsa una guerra asesina sólo para que unos pocos, muy pocos se enriquezcan un poco más.

Titulaba yo “la ciudad sin ley”. La ley, para el hombre, es o por lo menos debe de ser el principio y el final de todo.

Desde el principio de la historia el hombre ha ido plasmando en leyes sus gigantescas victorias sobre la materia y los otros hombres, de manera que, en cierto modo, las historia de la humanidad no es sino la de las leyes de que se ha ido dotando.

Pero las fuerzas de la regresión no están de acuerdo con ese interminable progreso que nos ha llevado desde la espantosa Ley del Talión. aquella del ojo por ojo, diente por diente, a las que consagraron lo que se ha dado en llamar Estado del bienestar, que establecía, después de siglos de sangre, sudor y lágrimas de miles de millones de trabajadores, una especie de primacía del derecho de los ciudadanos a vivir los últimos años de sus laboriosas vidas con un poco de comodidad y algo de dignidad. Qué menos.

Pero las fuerzas de la regresión, que no son sino las del peor de los males, la avaricia, la codicia y el odio a todo lo que sinifica felicidad y progreso han dicho que no, que no están dispuestas a que un atisbo ese atisbo de felicidad que representa la esperanza de los trabajadore en un futuro pacífico y feliz conseguido a base de años y años de durísimos esfuerzos siga manteniéndose en las leyes de la ciudad y aprovechando una de las 7 plagas del viejo Egipto, han decidido acabar con la Ley, derogar el derecho, y establecer solemnemente que  no hay más leyes que las de ese Moloch que an dado en llamar economía.

Y han mandado a la Ley a la puñetera mierda. Han destruido todo atisbo de derecho en las ciudades y han acabado con la civilización.A  partir de ahora, ellos podrán reírse de las leyes sociales y enviar a las inmensas legiones de los trabajadores a la desesperación y el hambre.


martes, 31 de julio de 2012

Respondiendo a Futbolín

Para leer las contestaciones a mi carta abierta a Futbolín y a Patrick Bateman acudir a los comentarios de mi ultimo post con dicho título.

Carlos, pero qué buen "discutidor" eres, capaz de encontrar razones que la razón no entiende.

Verás, hasta ahora, yo sólo había utilizado argumentos prestados por esos 2 aprendices que son Aristóteles y Marx, pero ahora, estimulado por tu brillante ejemplo, voy a tratar de utilizar algunos propios.

El hombre, el cochino, el indecente hombre no es sino lo que quiere ser. Por supuesto que hay culés que son tan de ultraderechas como el más feroz de los nazifascistas madridistas, creo que el cuñado de Laporta era uno de ellos, presidente, ni más ni menos que de la Fundación Francisco Franco lo que compartía con un puesto directivo en el Barça.

El problema, la cuestión a resolver es: ¿cuál de las 2 personalidades del cuñado laportiano era realmente la suya propia, la franquista o la barcelonista?

Que Franco y el barcelonismo son antagónicos es otro de esos axiomas que no necesitan demostración y, sin embargo, la historia lo ha demostrado hasta la más perfecta saciedad.
O sea que, en el fondo del alma del cuñado de Laporta y de ese tal señor Carlos de Zaragoza, se debate una feroz lucha interna, entre su simpatía por unos colores, provocada por la excelencia del juego del equipo y por su comportamiento histórico, y su identificación sociopolítica con el canallesco franquismo.

Por eso te hablaba yo de los compartimentos estancos de los submarinos. Éstos, para tener más defensa en casos de la apertura de vías de agua, tienen todos sus compartimento absolutamente estancos, sin ninguna clase de comunicación entre sí, de modo que la corriente de agua nunca podría producirse entre ellos.

En el hombre, sí, en el hombre todas las corrientes, todos los fluidos pueden, ¿y deben? pasar de una a otra parte de su estructura sin demasiadas dificultades, incluso cuando las corrientes son en sí mismas esencialmente contradictorias.

Verás, Carlos, si un tipo es, como yo era ya entonces, esencialmente progresista porque lo había mamado en mi experiencia vital, habiendo sufrido que cuando, a mi padre lo juzgaba un consejo de guerra, casi nada al aparato, y el fiscal le pedía pena de muerte por haber dirigido una función teatral a favor del Socorro Rojo Internacional, algo así como la Cruz Roja española, pero en comunista, a mí, que apenas si tenía 10 años, mis queridos compañeros de juegos fueron a buscarme a mi casa, me ataron las manos a la espalda con una se esas cadenas de persianas enrrollables y me juzgaron y me condenaron y me escupieron muchas veces en la cara una cantinela: “1, 2, 3 y 4, ya tienes Franco 'pa' rato.”

De modo que, luego, estudiante en Madrid, amigo íntimo de un madridista acérrimo que, una vez, me salvó la vida, viendo jugar con muchísima frecuencia a aquel Real Madrid de Di Stéfano, uno de los más grandes equipos de la historia, si no el más grande, a un alma juvenil como la mía que, además, quería ser futbolista, la fascinación la indujo a un madridismo exacerbado.

Pero aquella misma alma fascinada fue madurando sociopolíticamente, de manera que un día me encontré analizando, casi sin darme cuenta, que aquel maravilloso equipo ganaba siempre los partidos no sólo porque era muy bueno técnicamente sino también porque, cuando lo necesitaba, los árbitros, como ahora, hacían todo lo necesario para que ganara.

Y mi simpatía, el cariño que yo les tenía a aquellos formidables jugadores, entre los
cuales llegaron a estar, en la media, 2 murcianos, uno, Narro, y otro, jovencísimo de cuyo nombre no me acuerdo, no resistió los durísimos embates de aquella incipiente ideología mía a la que repugnaba decisivamente los continuos abusos que se grababan en mi corazón con la misma lacerante sangre con que lo hizo la cadena de la persiana.

Y grité: "No, no le prestaré mi afecto a un club ladrón y prepotente que no tiene sentido ni de la verdad ni de la justicia" y, dentro, muy dentro de mí, comenzó a incubarse un odio irresistible hacia aquel equipo que a lo peor técnicamente era insuperable, que seguramente lo era, pero que ética y moralmente era absolutamente despreciable y que encarnaba todo lo que aquel franquismo político representaba, la opresión, la prepotencia intolerable, la más feroz de las tiranías.

Dentro de mí, como dentro de cualquier otro hombre, no había, no hay compartimentos estancos, seguramente porque no estamos construidos como los submarinos, dentro de mí había algo que me hacía aborrecer a muerte la mentira y la injusticia que cometía casi continuamente aquel deslumbrante equipo, al que yo seguía yendo a ver en medio de las mayores dificultades, bajo la lluvia torrencial el día que jugaron en Elche y Puskas metió el que seguramente es el mejor gol que yo he visto en mi vida, recibiendo el balón de Di Stéfano, en el saque de centro y regateando uno tras otro a todos los jugadores contrarios hasta meterse con el balón en la portería.

Y, un día, no sé cuándo, cómo ni por qué, dejé de ver aquella insuperable belleza técnica que animaba a aquellos jugadores y comencé a ver únicamente las canalladas, las tropelías que cometía diariamente aquel equipo que protegía con todas sus fuerzas el tirano execrable, ésas que dieron origen a que en todos los campos de España le cantaran aquello de “así, así, así gana el Madrid”.

O sea que aquella adoración irreprimible se había convertido como por arte de magia en un odio todavía más irreprimible aún porque la actuación de dicho club encarnaba, representaba, constituía, promovía, propalaba, contribuía a que todo lo que yo odiaba en el mundo, como progresista, la mentira y la injusticia, siguieran rigiendo en este desdichado país.

Y esto no es un hecho aislado que se ha producido en mi pobre corazoncito sino en el de todas aquellas personas que sientan tan profundamente como yo un ansia irreprimible de verdad y de justicia, que no otra cosa es ser progresista, ser de izquierdas.

De manera que a mí no me entra en la cabeza que Rubalcaba, por ejemplo, acuda al Bernabéu, un día, vea como le roban el partido a la víctima de turno, y no sienta en lo más profundo de su alma progresista una indignación tal que le haga abominar para siempre de un club que practica esta política como estrategia habitual, no sólo con la aprobación sino con el entusiasmo de las gradas.

La solución al dilema no es, no puede ser otra que la de que Rubalcaba no siente realmente en lo más profundo de su corazón ese ansia infinita de verdad y de justicia en que consiste la auténtica pasión de un hombre progresista, porque una de las características del auténtico progresismo es su imposiblidad de contemporizar con la mentira y la injusticia, sin hacer lo que acabé haciendo yo, abjurando para siempre de mi madridismo.

Y todo esto puede predicarse, sólo que al revés, del barcelonismo, la verdad y la justicia. Un nazifascista vocacional, integral, no puede convivir pacíficamente con una posición deportiva que aspira a la verdad y la justicia por encima de sus propios intereses. De modo que el cuñado de Laporta y este tal Sr. Carlos o no son nazifascistas convencidos sino simplemente circunstanciales, o no son barcelonistas de verdad porque deberían de sentir entonces una repugnancia visceral por todo lo que tal sentimiento significa.

Como tú has citado de pasada, Vázquez Montalbán dijo una verdad como un castillo: el Barça es el ejército desarmado de Catalunya, el que defiende pacíficamente las ansias de libertad de un pueblo que se siente esencialmente oprimido, de muchas maneras, una de ellas la futbolística, con toda la razón del mundo.

También has citado a Julián Marías, hijo del discípulo predilecto de Ortega y dicen que buen escritor, yo no lo sé porque no lo he leído nunca porque me constaba su condición madridista. Bien, el tal Marías ha escrito por ahí abominando de Mourinho, pero es un error porque Mou personifica el auténtico espíritu del madridismo, mentiroso, tramposo, ventajista, chulesco, macarra, matón, no puede ser que un hijo de filósofo y escritor haya tardado tanto en descubrir la esencia del madridismo y, sobre todo, qué coño va a hacer ahora un tipo que escribió un libro que tituló "Corazón tan blanco".

En cuanto a lo que va a suceder con otro desencantado accidental del RM, Carlos Boyero, crítico de cine de El País, no lo sé pero ya hay por ahí miles de fervorosos madridistas que piden su cabeza y no es una metáfora.


lunes, 30 de julio de 2012

Carta abierta a mis grandes amigos Futbolín y Patrick Bateman:

 Ante todo reiterar mi más profunda convicción de que sois 2 auténticos genios.

 El genio no es sino un tipo que ve cosas que a los otros se les esconden y vosotros venís por aquí todos los días a mostrarnos cosas que sin vuestro dedo indicador nosotros no hubiéramos visto nunca.

 Y toda las gracias que os demos por ello serán insuficientes.

 Pero los genios no lo son en todo momento, sobre todo si se olvidan de los clásicos.

 Un clásico es un genio que, además, tuvo la fortuna de acertar con un concepto axiomático. Y el más clásico de todos es un tipo que nació en Estagira hace ya un montón de años y que se llamaba Aristóteles.

 Aristóteles, como Marx, es autor de una máxima absolutamente indiscutible: el hombre es un zoon politikon y todo hombre que no es politico o es un dios o es una bestia. Y el judío alemán nos dijo que todo es economía de manera que cualquier manifestación humana, en el fondo, no es sino una superestructura económica.

 Yo os aconsejo, humildemente, mis queridos amigos, que siempre que os enfrentéis con cualquier problema enfoquéis la cuestión contemplándola desde estos parámetros, sea la que sea.

 Y todo esto a propósito de unas afirmaciones vuestras sobre un tal Carlos de Zaragoza que escribe profusamente sobre el Barça y que políticamente parece que es de extrema derecha.

 Como yo creo que el hombre no es como los submarinos, es decir, que no tiene compartimentos estancos, os digo que este señor o no es culé o no es de extrema derecha porque el principio de contradicción prohíbe ser y no ser al propio tiempo y sobre la misma cosa.

 Miles, millones de personas, piensan, como este señor, que el fútbol y la política no tienen nada que ver. Craso error, ellos también han hecho caso omiso de los clásicos Aristóteles y Marx.

 Quizá el más famoso de todos los que opinan, u opinaban porque el jodido tipo ya está muerto, g.s.d. a D., es o era Franco, el tío, cuando nombró un día ministro a uno de aquellos canallas que colaboraron activamente a la tarea de machacar durante 40 años a nuestro sufrido pueblo, le aconsejó: “y Fulanito, v. haga como yo, no se meta nunca en política”.

 Es lo más paradigmático que he leído en mi vida y debería de explicarse en la 1ª de las clases en todas las cátedras de ciencia política: el tío que por motivos políticos, dijo él, se sublevó contra el régimen político democrática y legitimamente establecido en su país causándole ni más ni menos que un millón de muertos y exprimiéndole políticamente hasta la saciedad durante 40 terribles e interminables años, el tío jodido decía que él nunca había hecho política. 

 Ojo, amigos, todo aquel que diga lo mismo que dijo este abominable individuo está cometiendo el mismo pecado ya que como afirmó Aristóteles ningún puñetero hombre, por más que lo intente, puede dejar de ser político porque contraría su propia naturaleza y se convierte en un dios o una bestia.

 De modo que todos esos que dicen “oiga, a mí no me hable v. de eso que yo no soy político ni quiero” no es más que un jodido hipócrita que está parodiando a Franco y con los mismos motivos: hacer la peor de todas las políticas, aquélla que trata de cegar al ser humano el camino de su propia redención, hacer política, claro, pero de la buena.

 Y esta como dirían los Marx, los famosos hermanos, no es sino la parte contratante de la 1ª parte porque la 2ª es aquella de los que dicen que el deporte no tiene nada que ver con la política.

 Qué hipócritas, que asquerosos, qué repugnantes hipócritas porque los que dicen esto son precisamente unos políticos lo suficientemente rastreros para tratar de sustraer a la política uno de sus más claros instrumentos. Y, después de todo esto que hemos escrito, comenzamos realmente a entrar en el tema: ¿cómo se puede afirmar seriamente que los espectáculos que más masas arrastran hoy día deben de quedar fuera de la actividad y el pensamiento políticos cuando lo 1º que hacen tipos tan distintos como Merkel y el Baboso es abandonar su cotidiana actividad al frente de sus respectivos gobiernos para irse a la tribuna presidencial de los partidos en los que intervienen sus respectivas selecciones nacionales?

 Que tíos tan repugnantemente cínicos como el tal Lisavestky, creo que así se llama, o el Rubalcaba digan que son al propio tiempo socialistas y madridistas no es de recibo sino en un país tan risible como éste nuestro.

 Y aquí es cuando recurrimos definitivamente a Marx:

 Todo no es más que puñetera economía, política, por supuesto. Desde Nerón, nada menos, sabemos que el pueblo, esa masa informe que gusta sobre todo de lo más infame, vive para satisfacer sus peores instintos, ésos que le impulsan a hacer punto mientras espera que funcione la guillotina en París, o que el Real Madrid, RM, humille a esos canallescos independentistas catalanes que están cometiendo el imperdonable crimen de querer excluirse del sagrado privilegio de ser españoles, "anatema sit", abajo con ellos, muerte y oprobio a todos los catalanes, lo que quiere es pan y circo para olvidar las penas que debería de producirle vivir en perpetuo estado de opresión, de política esclavitud.

 ¿Es o no es político hacer que uno de los equipos que intervienen en la Liga española represente a los españolitos buenos, subordinados, conformes con el "statuo quo" imperante, frente a ese otro aborrecible y asqueroso que entraña la rebeldía ante los más sagrados deberes de la madre patria, con el noble propósito, entre otros nada desdeñables, de embaucarlos para que no piensen ni por un instante en todas las canalladas políticas que se están haciendo con todos ellos, incluso, claro está, con los propios supermadridistas?

 Me ahorro a mí mismo el trabajo de demostrar que el RM es el equipo del Régimen sea éste el que sea porque es tan evidente que, como toda evidencia no necesita demostración, de modo que es metafísicamente imposible que un tipo sea al propio tiempo madridista y demócrata, o, al revés, ultraderechista y culé porque ser del Barça, parodiando a José Antonio, es una de las pocas cosas democráticas auténticas que se puede ser en el mundo, porque siempre ha sido el refugio de todos los perseguidos por el centralismo excluyente superfascista de la capital de las Españas, tal como tan bien expuso el añorado Vázquez Montalbán.

  Y vista la extensión de lo escrito, tenemos que dejarlo aquí. Un abrazo,